La reinauguración del Claro Arena ha marcado un antes y un después para Universidad Católica. Los resultados han ido en alza, incluso clasificando a Copa Libertadores luego de cuatro años. Sin embargo, es inevitable preguntarse: ¿la capacidad del recinto está a la altura del crecimiento del club?

Por José Ignacio Cifuentes Padilla

La nueva fortaleza cruzada cuenta con una infraestructura moderna y estándares internacionales, posicionándose como uno de los estadios más modernos del país. Con esto, obliga a los de la franja a ser protagonistas del panorama local y continental. Contando con capacidad cercana a los 20 mil espectadores tras su reciente remodelación, representa un leve aumento respecto a versiones anteriores del estadio, pero lo mantiene en una escala relativamente baja en comparación con otros recintos sudamericanos, incluso en comparación con el Estadio Nacional o el Monumental.

El diseño del estadio responde a una lógica de practicidad y comodidad. Desde el club se ha priorizado la experiencia del espectador y el multipropósito en actividades extradeportivas por sobre la masividad.

Universidad Católica es uno de los clubes más importantes y convocantes de Chile. Su hinchada ha demostrado una alta demanda de entradas, que muchas veces supera la disponibilidad del recinto. Sin embargo, el precio de las entradas es otro punto del cual hablar. Sectores que superan los 45 mil pesos en partidos “clase A” hacen insostenible que una familia completa pueda asistir al estadio. Esto se traduce en estadios llenos en partidos relevantes, pero acompañado de una constante sensación de aforo limitado, particularmente en clásicos, encuentros internacionales o buenas rachas locales.

En términos normativos, el estadio cumple con los requisitos que establece CONMEBOL. Un mínimo de 10.000 espectadores para disputar partidos de la Copa Libertadores, por lo que el Claro Arena supera esta exigencia. Sin embargo, el problema aparece en los detalles logísticos y administrativos. Un ejemplo es el reciente enfrentamiento ante Boca Juniors, en el cual los cruzados perdieron por 2 goles contra 1 en el debut del recinto en instancias internacionales.

En este tipo de partidos, el reglamento exige destinar un porcentaje del aforo a la hinchada visitante que suele rondar las 2.000 entradas. En un estadio de poco más de 20 mil personas, implica cerca del 10% de la capacidad total. En la práctica, significa reducir aún más la disponibilidad para el público local en un encuentro de altísima demanda, tensionando la distribución de entradas para los socios, la venta al público y la garantía de seguridad para los espectadores.

El caso del Claro Arena refleja una tendencia moderna: estadios más pequeños, pero más cómodos, tecnológicos y rentables por espectador. No obstante, en el contexto sudamericano, y particularmente para un club grande, la capacidad sigue siendo un factor clave.