Natalia Duco, Jaime Pizarro y Erika Olivera, son solo algunos casos de deportistas nacionales que impulsaron una carrera distinta a la que los popularizó; hoy representan distritos, sectores políticos y no una camiseta.
Por Vicente Brante
Durante años, el deporte chileno ha proyectado figuras destacadas en distintas disciplinas. Medallas, récords y liderazgo competitivo los han consolidado como referentes para quienes vibran con sus éxitos. Pero hay casos particulares en los que estos referentes usan su popularidad deportiva como herramienta para representar a otras personas en un escenario político: Natalia Duco, Erika Olivera, Gabriel Mendoza, Jaime Pizarro e incluso Claudio Bravo, quien ha mostrado interés en un par de oportunidades.
Este último generó revuelo en redes sociales la última semana, debido a sus declaraciones al respecto. El capitán de La Roja se convirtió en el emblema de la generación dorada de la selección chilena. Se sostuvo durante más de una década como representante del fútbol chileno ante el mundo.
Hoy, a casi dos años de su retiro del fútbol profesional, Bravo mantiene una presencia pública activa, no solo desde el análisis deportivo, sino también a través de opiniones sobre contingencia nacional y política.
Declaraciones que han generado especulación sobre una posible candidatura a alcaldía y promesas de candidatos en campañas políticas, como la de Evelyn Matthei, para ser designado ministro del Deporte; recuerdan a distintos casos de exdeportistas, que sí han llegado a la escena política.
Natalia Duco, exlanzadora de bala e ícono del atletismo nacional, construyó durante su carrera profesional una imagen ligada al alto rendimiento, la disciplina y la representación del país. Esta imagen quedó marcada por la sanción que recibió el año 2018 por dopaje, siendo suspendida por tres años de competencias nacionales e internacionales; este episodio golpeó su credibilidad pública y abrió cuestionamientos sobre su figura como ícono nacional.
Tras esa polémica, logró mantener un nombre reconocido y concluidas las últimas elecciones presidenciales, dio el salto a la política para asumir al frente del Ministerio del Deporte. Su llegada es el resultado de una carrera en la que más que ser una deportista de élite, se acercó a ser la cara visible, cercana y referencial del deporte nacional.
Pero Natalia no fue la primera deportista nacional en llegar a aquel puesto: Jaime Pizarro, exfutbolista, emblema y capitán del equipo de Colo-Colo campeón de Libertadores (1991), asumió como ministro del Deporte el 10 de marzo del 2023. Su llegada marcó un hito no solo por su trayectoria como jugador, sino también por su gestión dentro del deporte nacional, que combinó experiencia competitiva y directiva.
Pizarro encarnó un rol respaldado por una carrera en gestión previa, fue subsecretario del Instituto Nacional de Deportes en 2007, donde gestionó la preparación de estadios del mundial femenino sub-20 y el paso del evento Rally Dakar en suelo nacional. Esta experiencia le dio una base para enfrentar distintas instancias como ministro, entre ellas la organización de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Santiago 2023, así como el Mundial de la FIFA sub-20.
Enfrentó principales problemáticas sobre seguridad en estadios y proyecciones institucionales. En febrero realizó el traspaso de mando junto a Duco, donde el paso de gestión se dio de manera expedita.

Fuente: https://www.latercera.com/el-deportivo/noticia/diputada-erika-olivera-condena-que-el-duelo-entre-colo-colo-y-fortaleza-se-haya-jugado-es-una-indignante-indolencia/
Saliendo del principal ministerio en torno al deporte, hay otros atletas nacionales que han encontrado el vínculo con la representación popular: Erika Olivera, maratonista emblemática del país, llevó su carrera hasta el Congreso tras ser electa el año 2017. La ganadora del oro en la categoría de maratón en los Juegos Panamericanos de 1999 marcó un giro para quienes seguían su trayectoria deportiva tras anunciar su candidatura como diputada por el distrito N°9 representando a Renovación Nacional y fue elegida con el 9,1% de los votos.
Erika fue presidenta de la comisión de Deportes de la Cámara de Diputados desde 2023 hasta 2026. Actualmente no forma parte del Congreso tras no ser reelecta en las últimas elecciones parlamentarias.

Fuente: https://puranoticia.pnt.cl/noticias/regiones/gabriel-coca-mendoza-y-su-sueldo-como-concejal-con-cinco-hijos-que/2019-09-12/094844.html
Gabriel “Coca” Mendoza representa uno de los casos más reconocibles de transición desde el fútbol profesional hacia la política local en Chile. Exdefensor de Colo-Colo, así como Pizarro fue parte del plantel que conquistó la Copa Libertadores de 1991, además de integrar procesos de selección nacional en una etapa donde su nombre quedó instalado como figura popular dentro del fútbol chileno. Su perfil público siempre estuvo fuertemente ligado a una identidad cercana, carismática y masiva, atributos que lo convirtieron en un personaje ampliamente reconocible más allá del ámbito deportivo.
A diferencia de otros exdeportistas que llegaron a espacios técnicos o institucionales vinculados directamente al deporte, Mendoza trasladó esa visibilidad hacia la política municipal. Fue electo concejal por Viña del Mar, utilizando el reconocimiento construido en el fútbol como una herramienta de representación territorial. En su caso, el paso a la política no respondió tanto a una especialización en gestión deportiva o administración pública, sino a una lógica de cercanía ciudadana y presencia mediática, elementos especialmente valiosos en elecciones locales.
Más allá de sus distintas carreras, los casos de Jaime Pizarro, Natalia Duco, Erika Olivera o Gabriel Mendoza reflejan una tendencia cada vez más visible en Chile: el deporte no solo forma referentes competitivos, sino también figuras con potencial de cercanía con el público. Ya sea desde ministerios, el Congreso o municipios, varios exdeportistas han convertido liderazgo y exposición mediática en una plataforma de representación pública, trasladando a la esfera institucional una notoriedad construida originalmente en la competencia.
En un escenario marcado por la desconfianza hacia la política tradicional, estas figuras suelen proyectar atributos valorados por la ciudadanía, como disciplina, esfuerzo o cercanía. Sin embargo, sus trayectorias también abren una discusión más profunda: si el prestigio deportivo puede transformarse efectivamente en capacidad de gestión, o si la popularidad funciona solo como una puerta de entrada a espacios de poder.
En Chile, la cancha ya no siempre termina en el retiro: para algunos, también puede ser el inicio de una carrera política.
