El Mundial 2026 está recién empezando, pero en Chile ya se ha estado jugando otro campeonato: completar el álbum.
Por Francisca Aldana
Durante las últimas semanas, la misma escena se ha repetido en kioscos, centros comerciales, colegios, oficinas y grupos de WhatsApp. Sobres difíciles de encontrar, listas de repetidas y una pregunta que vuelve cada cuatro años: “¿cuál te falta?”. La tradición viene de lejos. Desde los años 70, los álbumes mundialeros se transformaron en parte del ritual futbolero previo a la Copa del Mundo.
Este año, además, el desafío es mayor. La edición 2026 es la más grande hasta ahora: reúne 48 selecciones y 980 láminas. Cada sobre oficial cuesta $1.100 y, según estimaciones publicadas por medios nacionales, completar el álbum puede superar fácilmente los $400 mil.
La fiebre ya salió de los kioscos. En La Florida, la municipalidad abrió el Estadio Bicentenario para una cambiatón masiva; en Concepción, el punto de encuentro fue el Parque Ecuador; y en Puente Alto se anunció una jornada en el Estadio Municipal, con actividades familiares y espacios para cambiar repetidas. También se han habilitado puntos de venta y zonas de Panini en centros comerciales, como Panini Point en Mallplaza Los Dominicos.

«Cambiatón» en el Estadio Bicentenario de La Florida. Imagen: CNN
Ahí está parte de la gracia: el álbum no se completa en soledad. Cada sobre tiene una sorpresa, pero también azar. Y cuando aparecen las repetidas, empieza la parte social del juego: comparar listas, negociar, pedir ayuda y encontrarse con otros que están en la misma misión.
Desde la psicología, señalan que coleccionar puede entenderse como una actividad que combina paciencia y motivación por cumplir una meta. Para niños y niñas, puede ser una forma entretenida de practicar la concentración y aprender a tolerar la frustración. Pero también puede funcionar como un espacio de socialización: obliga a conversar y crear pequeñas comunidades alrededor de una búsqueda compartida.
Para muchos adultos, en cambio, el álbum también tiene algo de viaje a la infancia. Comprar sobres trae de vuelta una experiencia simple, muy ligada a la nostalgia mundialera.
Por eso, el álbum del Mundial no es solo una colección de futbolistas. Es memoria y comunidad: una forma simple de empezar a vivir el torneo antes del primer partido.
