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Por Juan Gutiérrez

Durante décadas, Cantata de Chile permaneció fuera de las pantallas chilenas. La película, dirigida por el cineasta cubano Humberto Solás y estrenada en 1975, fue realizada en Cuba con la participación de artistas y cineastas chilenos que habían llegado al país tras el golpe de Estado de 1973. Más de 50 años después, la obra volvió a ser exhibida en Chile gracias a un proceso de recuperación que comenzó lejos del país.

La película reconstruye la masacre de trabajadores ocurrida en la Escuela Santa María de Iquique en 1907 y fue producida por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). En su realización participaron, entre otros, Pedro Chaskel, Shenda Román, Nelson Villagra y Patricio Manns, además de incorporar poemas y canciones vinculados a Violeta Parra, Volodia Teitelboim y Pablo Neruda. La Cineteca de la Universidad de Chile señala que Cantata de Chile nunca había sido estrenada en el país.

Pero la historia de esta película no termina con su realización. Para entender por qué recién ahora pudo ser vista en Chile, hay que mirar hacia el exilio, los archivos cinematográficos y el trabajo que existe detrás de la recuperación de una obra audiovisual.

Una película hecha desde el exilio

Cantata de Chile nació en un contexto marcado por el golpe de Estado y el exilio de artistas chilenos. Solás explicó en una entrevista publicada por El País en 1979 que el proyecto surgió después de la caída del gobierno de la Unidad Popular y que buscaba expresar su solidaridad con Chile. Para realizarla, además, necesitaba contar con actores chilenos que se encontraban fuera del país.

La elección de la masacre de la Escuela Santa María de Iquique tampoco fue casual. La película utiliza ese episodio ocurrido en 1907 como punto de partida para hablar de organización obrera, violencia política y conflicto social. De esta manera, un hecho ocurrido varias décadas antes del golpe de Estado funcionó para los realizadores como una forma de dialogar con el Chile que estaban viviendo desde el exilio.

La participación de artistas chilenos también conecta la película con una tradición cultural que continuó desarrollándose fuera del país después de 1973. Memoria Chilena señala que el golpe de Estado provocó el exilio de numerosos integrantes de la Nueva Canción Chilena, entre ellos Patricio Manns, y que el movimiento continuó desarrollándose en el extranjero.

Así, Cantata de Chile no solamente habla sobre Chile: también es un producto cultural de un grupo de chilenos que debió desarrollar su trabajo fuera del país.

De Praga a Chile

La recuperación de la película tuvo otro capítulo décadas después, esta vez en Europa. Según la Cineteca de la Universidad de Chile, una copia de Cantata de Chile se encontraba conservada en el Archivo Fílmico Nacional de Praga, en República Checa. A partir de ese material se gestionó una versión digital que permitió finalmente exhibir la obra en Chile.

BioBioChile detalló que la institución checa conservaba una copia en 35 milímetros y que el trabajo conjunto con la Cineteca permitió obtener un escaneo digital para su exhibición. El medio también destacó que el rescate se relaciona con la tradición del archivo de Praga en la conservación del cine social sudamericano.

La operación muestra una de las dificultades que enfrenta el patrimonio audiovisual: una película puede sobrevivir físicamente durante décadas, pero permanecer fuera del país y lejos del público al que originalmente estaba destinada.

En este caso, la recuperación no consistió en simplemente encontrar una película almacenada. Fue necesario localizar una copia, establecer vínculos con el archivo que la conservaba y gestionar su digitalización para que pudiera volver a circular.

¿Qué pasa con una película después de ser recuperada?

La Cineteca de la Universidad de Chile, creada en 1961, tiene como misión investigar, recuperar, proteger, conservar y difundir obras cinematográficas y otros materiales audiovisuales. Actualmente su acervo reúne más de dos mil rollos en formatos como 16 mm, 35 mm, 9,5 mm y Super 8, además de registros en video y documentales de la resistencia de los años ochenta.

Su propia historia también está marcada por la pérdida y recuperación de patrimonio. La institución señala que después del golpe de Estado de 1973 sus trabajadores fueron expulsados y el archivo terminó siendo cerrado algunos años después. La Cineteca retomó posteriormente sus actividades y comenzó un nuevo proceso de conservación, recuperación y catalogación de sus materiales.

En ese sentido, Cantata de Chile forma parte de una historia más amplia: la de un patrimonio audiovisual que ha debido ser buscado, recuperado y puesto nuevamente a disposición del público.

Volver a mirar medio siglo después

La exhibición de Cantata de Chile en 2026 fue organizada por la Cineteca dentro del ciclo “Ecos de memoria: imágenes que persisten”, una iniciativa que buscó poner nuevamente en circulación películas y archivos vinculados con la memoria audiovisual. La programación incluyó también una visita al acervo de la Cineteca para mostrar materiales históricos y explicar el trabajo de conservación y restauración que existe detrás de ellos.

Más que una simple reposición, el regreso de la película permite preguntarse qué ocurre cuando una obra creada en un contexto determinado vuelve a encontrarse con espectadores que viven en otro.

La propia película ofrece una particularidad: habla de la masacre de 1907 desde la mirada de artistas que, en los años setenta, estaban viviendo el exilio. Al verla más de 50 años después, se superponen esas distintas capas de tiempo: el episodio histórico que representa, el contexto político en que fue realizada y el presente desde el que nuevamente se observa.

Por eso, recuperar una película no significa únicamente conservar un objeto antiguo. También significa mantener abierta la posibilidad de que nuevas generaciones vuelvan a interpretarlo.

Cantata de Chile estuvo durante décadas lejos de las pantallas chilenas. Hoy, su regreso permite mirar no solamente la historia que cuenta, sino también la historia que existe detrás de sus propias imágenes: la de un cine realizado en el exilio, una copia conservada al otro lado del mundo y un archivo que permitió que, medio siglo después, la película pudiera volver a Chile.