El Mundial Sub-20 que actualmente se desarrolla en nuestro país ha significado un importante desafío organizacional para Chile, pero también una nueva oportunidad para demostrar su capacidad de albergar eventos deportivos de gran magnitud. A tres semanas de iniciado el torneo, el balance general es positivo; las sedes han respondido bien, la asistencia del público ha superado las expectativas y la FIFA ha destacado el trabajo del Comité Organizador nacional por el cumplimiento de los estándares internacionales que exige.
Por Nicolás Pérez
El desarrollo del Mundial Sub-20 en territorio nacional ha puesto a prueba nuevamente la capacidad del país para organizar eventos deportivos de gran escala, y los resultados, hasta ahora, están siendo alentadores. Con tres semanas de competencia, el torneo se ha llevado a cabo con éxito, la gran gestión en los estadios, los elogios de la FIFA y la respuesta masiva del público son clara muestra de la eficiencia y el profesionalismo con los que la organización del torneo se ha manejado hasta el momento.
Desde el punto de vista de la infraestructura, los estadios elegidos de Santiago, Valparaíso, Talca y Rancagua fueron renovados con antelación, especialmente el Estadio Nacional, que recibió mejoras en iluminación, accesos, camarines y zonas de prensa. Lo mismo ocurrió con los estadios Elías Figueroa, Fiscal de Talca y El Teniente, que ahora cuentan con sistemas modernos de riego y pasto híbrido. Estas obras no solo han permitido que el torneo se desarrolle con normalidad, sino que también dejarán un importante legado para el fútbol chileno.

Fuente: Gobierno de Chile
El ambiente en los recintos ha sido otro punto relevante. Más de 260.000 espectadores asistieron a los partidos de la fase de grupos, esto según datos de la FIFA. Los encuentros de la selección chilena fueron los de mayor convocatoria, con más de 40.000 personas en el Estadio Nacional en cada uno de los partidos. En general, la organización ha logrado mantener un buen orden en accesos, transporte y seguridad, permitiendo que la experiencia del público sea positiva y sin incidentes de gran importancia. Desde la FIFA han valorado este esfuerzo, señalando que la preparación y ejecución del evento se ha llevado con profesionalismo y coordinación.

Fuente: PrimeraB
Sin embargo, no todo ha estado exento de dificultades. En algunas sedes regionales la asistencia ha sido más baja, y ciertos partidos se han jugado con estadios casi vacíos. A esto se suma la preocupación por los altos costos asociados al torneo, con una inversión estimada en más de 17 mil millones de pesos chilenos entre fondos públicos y privados según datos de Radio Cooperativa. Aunque no se han detectado irregularidades en la rendición de estos gastos, la ciudadanía y los medios mantienen la mirada puesta en cómo se justificarán estos recursos una vez finalizados el campeonato. Además, la logística relacionada con los entrenamientos y traslados de las delegaciones ha enfrentado pequeños ajustes debido a las exigencias técnicas de la FIFA, lo que ha supuesto un esfuerzo adicional para los organizadores.
En lo deportivo, la participación de la selección chilena también ha influido en la percepción general del evento. Las críticas sobre el rendimiento del equipo han generado debate en los medios y redes sociales, aunque esto no empaña la buena organización del torneo. Patricio Yáñez, exseleccionado nacional, señaló que vió a la Roja Sub-20 “asustada y con falta de funcionamiento”, comentario que refleja la presión que implica jugar en casa. Sin embargo, la FIFA publicó una nota sobre la opinión de las otras selecciones participantes del torneo, quiénes han valorado positivamente la hospitalidad y las condiciones de trabajo en Chile, lo que refuerza la imagen de un país capaz de responder a la altura de una cita mundial.

Fuente: Chilevisión
Al comparar este evento con los Juegos Panamericanos de Santiago 2023, es posible observar diferencias claras en la gestión. Mientras los Panamericanos fueron elogiados por su magnitud, pero criticados por problemas de transparencia y la falta de rendición de cerca de 194 mil millones de pesos, según datos de la Contraloría General de la República, el Mundial Sub-20 ha mostrado un manejo más ordenado y controlado de los recursos. En ese sentido, parece que el aprendizaje obtenido de los Panamericanos ayudó a evitar errores en la planificación y ejecución de este nuevo evento. De igual manera, ambos, comparten un punto en común: el fortalecimiento de la infraestructura deportiva nacional y la visibilidad internacional que le otorgan a Chile.
En conclusión, el Mundial Sub-20 Chile 2025 se perfila como un ejemplo de organización eficiente, capaz de combinar buena infraestructura, asistencia masiva y una gestión operativa destacada. Aunque persisten desafíos vinculados a los costos y a la distribución del público entre las distintas sedes, la evaluación general es positiva. Si el país logra cerrar el torneo con la misma estabilidad que ha mostrado hasta ahora, y mantiene una rendición transparente de los recursos invertidos, este evento podría consolidarse como uno de los hitos deportivos mejor organizados de los últimos años en Chile, reafirmando la experiencia adquirida tras los Panamericanos 2023 y fortaleciendo la imagen del país como anfitrión confiable en el ámbito deportivo internacional.
