Según el Servicio Nacional de Turismo, la floración podría extenderse por 17.667 km², en una de las temporadas más intensas de las últimas décadas. El fenómeno abre oportunidades para el turismo regional, pero también evidencia desafíos en infraestructura, servicios y protección ambiental.

Por Clarita Díaz

El desierto florido transforma la zona más árida del mundo en un manto de colores que atrae a turistas de distintos puntos de Chile y el extranjero. Sin embargo, detrás de este espectáculo natural, la llegada masiva de visitantes también plantea desafíos para la región: caminos en condiciones irregulares, estacionamientos limitados y servicios que deben responder a una mayor demanda a la cual no están acostumbrados. En una temporada que podría estar entre las floraciones más extensas de las últimas tres décadas, el objetivo es aprovechar el impulso turístico sin descuidar la protección de un ecosistema único.

Desde la dirección regional del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur) en Atacama comentan que, gracias a las precipitaciones invernales, la temporada 2026 podría convertirse en una de las floraciones más extensas e intensas de los últimos 30 años. Según las proyecciones de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), el fenómeno natural podría alcanzar una superficie aproximada de 17.667 km², equivalente al 23% de la región, con floraciones en distintos sectores del territorio.

Un banco de semillas escondido en el desierto

Más allá de su atractivo visual, el desierto florido constituye un fenómeno ecológico de gran importancia. Bajo la tierra existe un banco natural de semillas, bulbos y rizomas que permanece en estado de latencia durante los períodos secos, a la espera de las lluvias y condiciones adecuadas para germinar.

Las precipitaciones excepcionales permiten que emerjan más de 200 especies de plantas anuales, muchas de ellas endémicas, es decir, exclusivas de la zona. Entre las más emblemáticas se encuentran la añañuca, la pata de guanaco y la garra de león, cuya aparición depende de las condiciones ambientales de cada temporada.

Una oportunidad turística que exige preparación

La magnitud del fenómeno representa una oportunidad inmejorable para posicionar a la región de Atacama como destino. La floración puede funcionar como puerta de entrada para conocer otros atractivos, desde la costa hasta la cordillera.

«Para la región de Atacama, que se dé un fenómeno del desierto florido con esta magnitud es una gran oportunidad, no solo para poder apreciar lo que es el evento de la floración, sino también para dar a conocer otros atractivos que se pueden conectar con este evento», señala Eduardo Valencia, de Valtours Ecoturismo.

El guía explica que destinos como el volcán Ojos del Salado y el Parque Nacional Nevado de Tres Cruces pueden integrarse en rutas y paquetes turísticos durante la temporada. Sin embargo, advierte que recibir a los visitantes también exige mejorar la conexión entre caminos, la infraestructura, la hotelería, la alimentación y la disponibilidad de servicios en general.

Desde Sernatur Atacama comparten esta visión. La difusión del fenómeno debe ir acompañada de una adecuada organización turística y de conciencia ambiental por parte de los visitantes. En ese sentido, recomiendan contratar servicios registrados oficialmente, respetar los senderos establecidos y evitar cualquier intervención sobre la flora. «El desierto florido es un fenómeno que queremos preservar hacia las futuras generaciones», agrega Alejandro Martin Caro, director regional de Sernatur Atacama.

El desafío de crecer como destino turístico

La experiencia de Leyre Larrazabal, quien viajó junto a su hermana Mónica y su hijo Martín, refleja tanto el enorme atractivo del desierto florido como las carencias estructurales de la zona. Durante su recorrido, la turista se encontró con caminos dañados por aluviones, estacionamientos insuficientes en el Parque Nacional Llanos de Challe, restaurantes sobrepasados por la demanda y baños públicos cerrados por falta de agua.

Pese a estos inconvenientes logísticos, la viajera destaca la diversidad de flora que pudo observar durante sus tres días de recorrido, especialmente en los sectores ubicados entre el parque y Carrizal Bajo, donde descubrió ejemplares distintos a los vistos durante la mañana. También percibió un alto movimiento en el sector hotelero y gastronómico, aunque considera que la preparación de los servicios locales no siempre estuvo a la altura del volumen de visitantes.

«Había muchos turistas y me imaginé que iba a ser así, porque cuando hice la reserva del hotel me costó mucho encontrar alojamiento», relata. A su juicio, el fenómeno representa un beneficio indudable para la economía local, pero deja en evidencia la necesidad urgente de mejorar la planificación para recibir a quienes llegan a presenciarlo.

El desierto florido se consolida como una vitrina excepcional para atraer turistas a la Región de Atacama y mostrar sus múltiples encantos. No obstante, el verdadero éxito de la temporada dependerá de cómo las autoridades y privados resuelvan los desafíos pendientes en infraestructura y cuidado del entorno natural.