A dos años del inicio del ciclo de Nicolás Córdova al mando de las selecciones juveniles, La Rojita quedó eliminada en octavos de final del Mundial Sub-20. El análisis deja lecciones, dudas y la sensación de que el fútbol chileno aún busca una identidad formativa.
Por Trinidad Jara Contreras
En agosto de 2023 comenzó el trabajo de Nicolás Córdova como jefe técnico de las selecciones juveniles masculinas chilenas. Hoy, luego de 2 años y estando eliminados del mundial, su trabajo en la selección nacional sub-20 deja más dudas que certezas. Los resultados no lo acompañaron, ni tampoco el nivel de juego del equipo.
Con figuras como Sebastián Mella, que destacó en el Mundial incluso tapando un penal o Agustín Arce, que fue de los más regulares en el torneo, queda en evidencia que efectivamente hay talento, pero no un proyecto que lo sostenga.
El inicio del proceso estuvo marcado por un caos heredado después de quedar eliminados tempranamente, sin opción de ir al hexagonal final, en el Sudamericano sub-20 de 2023 en Colombia. Nicolás Córdova llegó con un discurso de reconstrucción y orden, y con la idea de dar espacio y continuidad a futbolistas nacidos entre 2005 y 2006.
La primera gran señal de vida de esta generación no llegó sino hasta finales de 2024, cuando La Roja sub-20 viajó a España para una gira de preparación. En esa gira mostró una cara distinta de lo que venía siendo la selección, ya que le ganó 2 partidos a Qatar (2-1 y 5-1). Los registros de TNT Sports y la ANFP sobre esos encuentros mostraban a una selección intensa, con presión y transiciones rápidas; parecía que había una base sólida.
Pero por más alentadores que hayan sido, los amistosos son solo eso: amistosos. Porque cuando llegó el momento de un examen real, las deficiencias volvieron a quedar en evidencia.

Fuente: ANFP
En el Sudamericano sub-20 que se jugó en Venezuela este año (2025). La Rojita arrancó con cierto optimismo, clasificó al hexagonal final con 6 de 9 puntos posibles y con Rossel como figura. Pero ya en instancias finales perdió 4 de sus 5 partidos, quedando eliminados con una dura derrota 3-0 contra Brasil.
La falta de jerarquía para cerrar los partidos quedó expuesta en estos encuentros, en donde los errores y la desconexión entre líneas terminaron pasando la cuenta. Aun así, Córdova insistió en que el proceso debía juzgarse por su proyección y no por los resultados inmediatos.
En el Mundial Sub-20 disputado en Chile, la selección nacional logró avanzar a octavos de final tras una fase de grupos irregular. La Rojita debutó con una victoria ante Nueva Zelanda, pero luego sufrió derrotas contra Japón y Egipto. Aun así, consiguió la clasificación gracias al criterio de fair play. En octavos, el sueño terminó con una dura derrota 4-1 frente a México, que dejó en evidencia los mismos problemas que acompañaron al proceso: desconcentraciones defensivas, falta de variantes y escasa jerarquía en los momentos decisivos.
Pero más allá de los resultados, Chile repite un patrón que se arrastra desde hace más de una década. Con ciclos juveniles fragmentados y sin continuidad ni desarrollo táctico importante, cada generación parece partir de cero.
En el papel, la ANFP organizó microciclos y giras internacionales. Pero la verdadera competencia está en los clubes, y ahí es donde aún hay problemas. Los jugadores jóvenes, en su mayoría, llegan a la selección con pocos minutos en Primera División, sin roce internacional y con la presión de rendir en torneos en donde otras selecciones, como Brasil, alinean jugadores con experiencia profesional consolidada.

Fuente: ANFP
El ciclo de Nicolás Córdova deja aprendizajes, pero también la sensación de que el fútbol chileno juvenil sigue buscando una identidad. Hubo intentos por modernizar el trabajo, incorporar nuevas metodologías y mirar más allá del resultado inmediato, pero el balance general demuestra que aún falta una estructura que acompañe esos esfuerzos.
En esa línea, el Ministro del Deporte, Jaime Pizarro, destacó que el Mundial dejó tres mensajes clave como legado para el fútbol juvenil nacional. En primer lugar, y teniendo en cuenta que hubo 4 sedes en distintas regiones, mencionó que “creemos que hay que incentivar la promoción y la participación activa de más jugadores y jugadoras”.
En segundo lugar, destacó que “seguramente va a haber un incentivo marcado no solamente por los lindos estadios que tenemos para las competencias, sino también por las múltiples canchas de entrenamiento que han sido mejoradas”.
Y por último, agregó que “los aprendizajes, el ver el torneo, el disfrutar de grandes jugadores y el ver el incentivo que provoca (un torneo así) me imagino que va a ser un aliento muy especial para quienes comparten el fútbol joven”.
Además, proyectó sus expectativas y agregó que “creemos que esta noticia de tener eventos es realmente muy virtuosa y esperamos por supuesto en el futuro buenos resultados”.
Sin embargo, el proceso de Nicolás Córdova deja en evidencia una realidad que trasciende nombres: el fútbol juvenil chileno sigue sin tener una ruta clara. Hay talento y esfuerzos, pero los ciclos se repiten. Los procesos formativos requieren continuidad, planificación y una coordinación real con los clubes. Chile necesita convertir sus promesas en proyectos, y sus proyectos en resultados.
