Por Antonia Vázquez
Foto: Sofía Figueroa
Tras sus años de formación musical en Berklee, Francisco Chandía vuelve a casa y lo celebra con un show íntimo y arrollador en La Batuta. Rodeado de su gente, todo lo creado y aprendido en seis años de carrera explotó en su primer show en solitario en Chile. La cita se llevó a cabo el 18 de diciembre ¿Dónde? No podía ser otro que el histórico escenario de La Batuta. Francisco reafirma su lugar en la escena emergente.
Los Perros de Pavlov estuvieron encargados de abrir el encuentro. Con una entrada apoteósica que imitaba la de pugilistas legendarios, el quinteto anunciaba su último show del año. La banda optó por un setlist cargado de la energía catártica del pop-punk que solo ellos saben entregar. Vicente Campusano demostró por qué es uno de los bateristas más prolíficos y propulsivos de la escena local. Al ritmo de osu!, Los Perros nos hicieron corear: “en esta ciudad no cabemos los dos”, una frase que contrasta con el carácter indiscutidamente cercano y cálido de la banda, que nos dejó ansiosos por conocer más de su nuevo álbum, asomándose en el horizonte.
Fufibunni fue la siguiente en el cartel. La energía irreverente y sensual de esta artista emergente tomó las emociones crudas del hyperpop y las obsequió al público, envueltas en tul rosa y brillantina. Describiéndose a sí misma como “simplemente camp”, Fufibunni entregó una performance experimental tanto en lo sonoro como en lo escénico; incluso nos deleitó con covers de Mitski y Nirvana, delatando su lado rockero alternativo. Posee un carisma innegable y, aún en una actuación no exenta de percances, bastó su envidiable autenticidad para sacar adelante un setlist con potencial de convertirse en la próxima camada de club bangers made in Chile.
Después de dos artistas invitados que ya habían dejado la vara muy alta, llegó el esperado momento de recibir a Francisco Chandía en toda su gloria. Seis años de carrera se condensaron en el primer acorde desgarrado de aquella Les Paul, ya insignia de FCO. Abrió el setlist con “AU”, un dueto entre Francisco y su público.
“La Carita del Diablo”, “INCONSCIENTE” y “Este es mi barrio” marcaron puntos altos del show. Canciones que beben más del heavy metal que del rock indie fueron un balde de agua fría para una audiencia que no pudo sino rendirse ante el drop D de las guitarras furiosas de la banda de FCO. En ocasiones, Francisco se adueña del drumset, declarándose no solo letrista y compositor, sino también un virtuoso multiinstrumentista: lo aprendido en Berklee sale a la luz.
El concierto continúa y Chandía no baja el nivel. Él y su guitarra dan vida a una suerte de Jeff Buckley urbano: la voz que hace un instante rapeaba como un MC iracundo, ahora entona preciosas y dulces melodías en canciones como “Amor Abstracto”.
Francisco tenía la titánica labor de construir un setlist capaz de condensar cada faceta desarrollada a lo largo de seis años; una donde colindan géneros, temáticas y geografías diversas. Y lo logró, seguramente con un poco de ayuda de sus amigos, quienes —como él mismo dijo— lo acompañan desde el inicio de su viaje como FCO. en 2019.
Un show familiar, cercano y cálido, pero no por ello menos desenfrenado.
Al acercarse los temas finales de la noche, la expresión de Francisco se transforma en la de un muchacho genuinamente emocionado. No es solo la música: es el viaje recorrido, el reencuentro con su gente. Es Francisco Chandía actuando desde lo más profundo de su corazón.
“Lynch”, junto a Alex Rossel, y “Vente Conmigo” cerraron esta noche redonda en La Batuta que, sin duda alguna, quedará para el recuerdo.
