La escritora —que no visitaba Chile desde hace más de tres años— fue condecorada por su extensa trayectoria y aporte cultural al país. La ceremonia contó con la presencia de autoridades, académicos y la comunidad universitaria, quienes gozaron de una breve conferencia que la autora ofreció sobre su llegada a la literatura y los temas que ha trabajado últimamente.

Por Catalina Aliste Villegas

El Salón de Honor de la Universidad de Chile tuvo aforo completo debido a la presencia de Isabel Allende Llona, considerada la escritora viva más leída a nivel mundial. Se trataba de la ceremonia de entrega de la Medalla Rectoral, un reconocimiento que se concede a integrantes de la comunidad universitaria que se hayan destacado por acrecentar el prestigio de la Universidad a nivel nacional o internacional, así como a visitantes ilustres merecedores de esta distinción. La ceremonia fue presidida por la rectora de la Universidad de Chile, Rosa Devés, y contó con la participación de la prorrectora Alejandra Mizala; el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Blanco; y las ministras Macarena Lobos y Carolina Arredondo.

Imagen por Radio UC

Allende suma una nueva condecoración a la larga lista de reconocimientos que ha acumulado desde 1983, cuando publicó La Casa de los Espíritus, en distintas partes del mundo. Entre los más destacados se encuentran el Premio Nacional de Literatura de Chile (2010), la Medalla de Honor del National Book Award de Estados Unidos (2018) y el doctorado honoris causa por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (2025).

La rectora de la casa de estudios afirmó: «Su escritura, donde las mujeres nunca dejamos de ser protagonistas y donde la imaginación y la creatividad vuelven trascendente lo cotidiano, es un antídoto frente a la tentación de guardar silencio para evitar posibles agravios. Con humor, ternura y una mirada crítica, sus libros son ejemplo de expresión valiente”.

También hubo palabras de la directora del Departamento de Literatura de la U. de Chile, Carolina Brncic, quien indicó que “el conjunto de su obra se ha convertido en expresión de las desigualdades sociales de nuestro continente, de las atrocidades cometidas por las dictaduras del Cono Sur y del drama del exilio, utilizando los recursos que la crítica ha considerado propios de la nueva novela histórica, la ficcionalización y ampliación de la historia”, señaló.

Escribir para vivir, vivir para escribir y escribir hasta el final

La escritora estaba acompañada por su hijo y su nuera, quienes reside en Estados Unidos desde hace más de tres décadas. Sostuvo que se encontraba agradecida y honrada, procediendo a responder en una breve conferencia cómo es que llegó a la literatura y por qué sigue escribiendo a sus 83 años: “¿Por qué escribo? Porque si no escribo, se me seca el alma y me muero. Porque la materia prima es infinita y gratis: el aire está lleno de historias. Cada persona tiene una vida que yo quiero conocer y contar. Y porque nada me da más placer que hilvanar palabras”, señaló.

La última vez que Allende pisó el país fue en marzo de 2022 como parte de la delegación del Gobierno estadounidense que acudió a la investidura del presidente Gabriel Boric. Esta vez, su regreso se enmarca en la gira de presentación de su última novela Mi nombre es Emilia del Valle, para la cual su casa editorial —Penguin Random House— organizó un evento gratuito en el Teatro Oriente para el miércoles 24 de septiembre, cuyas entradas online se agotaron en menos de tres minutos.

Finalizando la premiación, la galardonada adelantó algo de la nueva obra en la que está trabajando: una memoria de sus últimos 10 años, que en sus palabras se resumen en “el fin de un largo amor, tiempo de soledad y reflexión y la sorpresa de un nuevo amor a una edad en que muy poca gente está pensando en algo más. Mientras otras bisabuelas juegan al bingo, yo me acicalo para seducir a un anciano”, indicó con ironía.

Reiterados aplausos, sonrisas y gritos agradeciendo su escritura cerraron la ceremonia. Isabel Allende se despidió asegurando que seguirá escribiendo mientras siga teniendo memoria. “Escribir para vivir, vivir para escribir y escribir hasta el final”, añadió.