Los Samuráis Azules ya son una de las grandes sorpresas del Mundial 2026. Pero detrás de sus triunfos hay más de 150 años de historia, una revolución deportiva y un ambicioso plan para convertirse en campeón del mundo.
Por Aline Bergen
Cuando Japón derrotó a Alemania y España en el Mundial de Catar 2022, muchos hablaron de una sorpresa. Sin embargo, para quienes conocen el desarrollo del fútbol japonés, esos resultados fueron la confirmación de un proyecto construido durante décadas.
La selección asiática fue el primer país en clasificar al Mundial 2026 —sin contar a los anfitriones— y disputará su octava Copa del Mundo consecutiva, una racha que comenzó en Francia 1998. Aunque nunca ha superado los octavos de final, se ha consolidado como una de las potencias más consistentes del fútbol asiático.
Un deporte que llegó en barco
La historia del fútbol japonés comenzó mucho antes de que existieran figuras como Takefusa Kubo o Kaoru Mitoma.
En 1873, oficiales de la Armada Británica introdujeron el fútbol en Yokohama, pocos años después de que Japón abriera sus fronteras al mundo. El encargado de enseñar este nuevo deporte fue el teniente inglés Archibald Lucius Douglas, quien impartía clases en la Academia Naval japonesa.

El equipo olímpico nipón en Berlín 1936 le dio su primera gran victoria a Japón al derrotar a Suecia
Sin embargo, el camino no fue sencillo. Durante décadas, el fútbol fue visto como una actividad escolar y quedó a la sombra del béisbol, que terminó convirtiéndose en el deporte más popular del país.
Aun así, el crecimiento continuó. En 1921 nació la Asociación Japonesa de Fútbol (JFA) y ese mismo año comenzó a disputarse la Copa del Emperador, torneo que sigue siendo uno de los más importantes del país.
De la guerra al profesionalismo
El avance del fútbol japonés se vio interrumpido por la Segunda Guerra Mundial. La exclusión temporal de Japón de la FIFA y las consecuencias del conflicto frenaron el desarrollo de este deporte durante varios años.
La recuperación llegó en los años 60 gracias al entrenador alemán Dettmar Cramer, considerado uno de los arquitectos del fútbol moderno en Japón. Bajo su influencia se creó la Japan Soccer League y se impulsó una estructura más competitiva para el deporte.
Pero la verdadera revolución ocurrió en los años 90.
En 1993 nació la J League, la primera competición profesional del país. La liga atrajo figuras internacionales como Zico, Gary Lineker y Dunga, elevando el nivel del campeonato y despertando un interés masivo por el fútbol.
El efecto “Supercampeones”
Si existe un fenómeno cultural que ayudó a transformar el fútbol japonés, ese fue el manga y anime Captain Tsubasa.
La historia de Oliver Atom inspiró a miles de niños a practicar fútbol. Según diversos relatos históricos, el fenómeno fue tan grande que las divisiones juveniles comenzaron a llenarse de nuevos jugadores, contribuyendo al crecimiento de la base futbolística del país.
Muchos de los futbolistas japoneses que brillaron en Europa crecieron viendo la serie.
El plan para ganar el Mundial
Tras organizar el Mundial 2002 junto a Corea del Sur y consolidarse como potencia continental, la federación japonesa decidió pensar aún más en grande.
En 2005 presentó un proyecto conocido como «Japan’s Way», una hoja de ruta que tiene un objetivo tan ambicioso como claro: ganar una Copa del Mundo antes de 2050.
El plan no se limita a la selección adulta. Incluye formación de entrenadores, desarrollo de juveniles, infraestructura deportiva y programas para acercar el fútbol a toda la sociedad japonesa. La idea es construir una identidad propia en lugar de copiar modelos extranjeros.
La generación que quiere romper la barrera
Hasta ahora, el mejor resultado de Japón en los Mundiales ha sido llegar a octavos de final en 2002, 2010, 2018 y 2022. Nunca ha conseguido avanzar más allá de esa ronda.

El seleccionado japonés celebrando un gol en el mundial que sigue en curso
Sin embargo, la actual generación parece estar más cerca. Con futbolistas repartidos por las principales ligas europeas y una estructura deportiva que lleva décadas perfeccionándose, Japón ya no es una sorpresa ocasional.
Quizás la mejor forma de entender su presente sea recordar que, hace apenas unas décadas, clasificarse para un Mundial parecía un sueño imposible. Hoy, en cambio, los Samuráis Azules llegan a cada torneo con la convicción de competir contra cualquiera.
Y si el plan diseñado hace más de veinte años sigue su curso, el próximo gran objetivo ya no será sorprender al mundo, sino conquistarlo.
