El regreso de BTS a Chile vuelve a poner el foco en la cultura surcoreana. En este contexto, Contraportada dedicó su emisión del lunes 19 de octubre a explorar una literatura marcada por la memoria histórica, las luchas sociales y la expansión internacional de sus historias.
Escrito por: Florencia Veloso Torrejón
Editado por: Martina Finkenberger Colecchio
La música, las series y el entretenimiento han contribuido a acercar la cultura surcoreana a nuevas audiencias. Sin embargo, su producción literaria también permite conocer aspectos menos visibles de esta sociedad, desde los períodos de represión política y colonialismo hasta los debates contemporáneos sobre género y salud mental. A través de distintas obras y autores, es posible explorar cómo estas historias han trascendido las fronteras de Corea del Sur y han encontrado lectores en distintas partes del mundo.
La ocupación japonesa de Corea, entre 1910 y 1945, estuvo marcada por la represión y los intentos de asimilación cultural. En este contexto, obras como Las alas, de Yi Sang, y Tres generaciones, de Yom Sang-seop, retrataron las tensiones sociales y las experiencias de vivir bajo el dominio colonial. Esta memoria también aparece en Bestias de una pequeña tierra, de Juhea Kim, novela que reconstruye distintas experiencias de la sociedad coreana durante la primera mitad del siglo XX.
Para Valentina Figueroa, investigadora vinculada a los estudios coreanos en Chile, la dimensión social es fundamental para comprender esta tradición literaria. “En la narrativa coreana encontramos muy presente lo social”, señala, en referencia a una historia marcada por guerras defensivas y por los procesos sociales y políticos de su historia. En ese recorrido, destaca también cómo ”la lucha de Corea del Sur por la democratización se ve plasmada en su obra literaria”. A ello se suma “una lucha por su propia lengua”, que se entremezcla con el han, “una tristeza y melancolía que tienen a raíz de este pasado de guerras” y que se ha convertido en un motor para su literatura.
Por otro lado, la literatura contemporánea también aborda las desigualdades de género y la salud mental. En Kim Ji-young, nacida en 1982, Cho Nam-joo expone las discriminaciones y expectativas sociales que enfrentan las mujeres a lo largo de sus vidas. Por su parte, Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki, de Baek Se-hee, recoge conversaciones sobre salud mental, autoestima y dificultades emocionales. Ambas obras permiten acercarse a realidades que contrastan con las imágenes idealizadas que suelen difundirse a través del entretenimiento surcoreano.
El interés internacional por estas publicaciones ha crecido junto con la expansión del K-pop y los dramas coreanos. Las traducciones y el trabajo editorial han facilitado su llegada a nuevos públicos, mientras que el Premio Nobel de Literatura otorgado a Han Kang en 2024 contribuyó a visibilizar la narrativa surcoreana a nivel mundial.
Las historias surcoreanas también han encontrado espacio en los formatos digitales a través de los manhwa, cómics que han alcanzado audiencias internacionales. Entre ellos destaca True Beauty, de Yaongyi, que explora los estándares de belleza, las inseguridades y las relaciones adolescentes. A su vez, Solo Leveling, de Chugong, combina fantasía y acción con elementos propios de los videojuegos, y amplió su alcance mediante su adaptación al anime.
Desde las obras que recuperan la memoria histórica hasta aquellas que cuestionan las desigualdades sociales y las que circulan a través de plataformas digitales, la literatura surcoreana reúne perspectivas diversas sobre su sociedad. Sus historias ofrecen una oportunidad para mirar más allá del fenómeno cultural y descubrir las experiencias, los conflictos y las transformaciones que definen a Corea del Sur.
