El 18 de mayo se cumplen nueve años de la muerte del cantante de Soundgarden y Audioslave, considerado uno de los mejores vocalistas en la historia del rock. Un repaso por la vida de quien fue, durante décadas, la voz de Seattle.

Por Bruno Rosales

Hay voces que no se olvidan aunque uno quiera. La de Chris Cornell era de esas: oscura y al mismo tiempo capaz de escalar registros que parecían imposibles para un ser humano, con más de tres octavas y media de rango y una intensidad que convertía cada canción en algo que se sentía antes de entenderse. Nueve años después de su muerte, el 18 de mayo de 2017, esa voz sigue siendo referencia, sigue apareciendo en listas de los mejores de todos los tiempos, y sigue doliendo.

Seattle, el piano y los primeros demonios

Christopher John Boyle nació el 20 de julio de 1964 en Seattle. Criado en una familia de padres separados, en su pubertad empezó a sentir los primeros signos de la depresión que lo acompañarían durante toda su vida. A los siete años ya tomaba clases de piano, interesándose particularmente por artistas como Lynyrd Skynyrd, The Beatles y Alice Cooper. Cuando tenía catorce años, sus padres se divorciaron y tomó el apellido de soltera de su madre, Cornell.

La crisis no fue menor. Llegó a pasar casi un año de reclusión en su casa, lo cual lo llevó a abandonar las clases de piano, pero se metió por completo en la guitarra y el canto de manera autodidacta. De esa soledad, paradójicamente, nacería uno de los músicos más singulares de su generación.

Foto tomada de Gia Knaeps a través de GETTY

El nacimiento de Soundgarden

En 1984, el joven baterista de 20 años Christopher Boyle Cornell, junto a Kim Thayil en guitarra e Hiro Yamamoto en bajo, formaban Soundgarden. En un inicio, Chris ocupó el lugar de baterista y voz, hasta que con la entrada del baterista Scott Sundquist en 1985, Cornell pasó al frente de la banda como cantante. Fue con la llegada del baterista Matt Cameron en 1986 que el grupo encontró su formación definitiva.

El emblemático sello Sub Pop, responsable de impulsar el sonido crudo y callejero de Seattle, les dio cobijo y publicó sus dos primeros EPs, Screaming Life (1987) y Fopp (1988). Poco después, la firma con el sello A&M los empujó a una nueva dimensión. Badmotorfinger, en 1991, mostró una banda sólida y madura, con influencias de Led Zeppelin que convivían con la energía cruda del punk de Seattle. Soundgarden ya no era un secreto local.

Temple of the Dog y el duelo convertido en música

Temple of the Dog, 1991

En paralelo a Soundgarden, Cornell vivió una de las pérdidas que más lo marcarían. En 1991 grabó un disco junto a su amigo Eddie Vedder en el proyecto Temple of the Dog, concebido como un homenaje a su fallecido amigo Andrew Wood, de Mother Love Bone. El álbum salió sin mucho ruido a inicios de 1991 y fue hasta muchos meses después que alzó vuelo, impulsado por la enorme atención que Soundgarden y Pearl Jam generaron con sus respectivos lanzamientos. Si hay una canción que simboliza todo lo bueno que el movimiento musical de Seattle ofrecía a inicios de los 90, esa es «Hunger Strike», con su impresionante duelo de voces entre Cornell y Vedder.

Superunknown: la cumbre

Si hay un momento en que Chris Cornell alcanzó la cima, ese fue 1994. Superunknown, que in

Soundgarden, 1994. Foto tomada por Koh Hasebe a través de Getty Images

cluía clásicos como «Black Hole Sun» y «Spoonman«, consolidó a Soundgarden como pioneros del grunge y le dio a Cornell un reconocimiento mundial. El álbum no era sólo un éxito de ventas: era la confirmación de que esta banda —y este cantante— podían hacer algo que pocas bandas de su tiempo lograban, mezclar heaviness, psicodelia y una sensibilidad lírica poco común en el género.

Sus vídeos musicales corrían en MTV gran parte del día y los de Cornell alcanzaron una masividad inusitada. «Black Hole Sun» se volvió una de las imágenes más icónicas de toda la década.

La separación y el camino en solitario

A mediados de los 90 la escena musical de Seattle empezaba a mostrar signos de fatiga, y así también sus bandas más emblemáticas. Soundgarden lanzó Down on the Upside en 1996 y se disolvió en 1997. Cornell quedó solo frente a una carrera que tendría que reinventar.

En 1999 lanzó su primera producción discográfica como solista, Euphoria Morning, un álbum melancólico de rock suave dedicado a la memoria de Jeff Buckley. No era el Cornell de Soundgarden, era uno más íntimo, que exploraba otros territorios sin la red de seguridad de la banda que lo había hecho famoso.

Audioslave: un segundo acto inesperado

Audioslave

En 2001 formó una nueva banda, Audioslave, junto con ex miembros de Rage Against the Machine. La combinación era, sobre el papel, improbable: la voz oscura de Cornell sobre la maquinaria sonora de Tom Morello, Tim Commerford y Brad Wilk. Funcionó. Los tres discos que lanzaron en conjunto —Audioslave (2002), Out of Exile (2005) y Revelations (2006)— generaron hits que sonaron masivamente en el mundo. Además, convertirse en  el primer conjunto estadounidense en ofrecer un concierto masivo al aire libre en Cuba es una medalla que nadie les podrá arrebatar. 

Cornell dejó Audioslave en 2007 aduciendo diferencias irreconciliables.

El regreso y el final

El 1 de enero de 2010, Cornell anunció a través de su cuenta de Twitter la reunión de Soundgarden, tras 12 años de separación. Dos años después llegó King Animal, el primer disco de estudio del grupo en dieciséis años. En 2015 publicó Higher Truth, su cuarto álbum solista, recibido con elogios por la crítica gracias a su propuesta íntima y folk. En 2016, Temple of the Dog se reunió para celebrar el 25 aniversario de su único disco. En enero de 2017, Audioslave volvió a tocar en un concierto anti-Trump. Parecía que Cornell estaba en todas partes al mismo tiempo: activo, vigente, con proyectos abiertos.

El 18 de mayo de 2017, tras una presentación con Soundgarden, el mundo de la música se detuvo. Su mánager Brian Bumbery anunció que Cornell había sido encontrado sin vida en el baño de la habitación del hotel a los 52 años. Los análisis forenses concluyeron que el músico se quitó la vida,  dejando un vacío imposible de llenar en la escena del rock.

Una encuesta del sitio web de Rolling Stone lo sitúa en el noveno puesto de los mejores cantantes de la historia, y según Hit Parade ocupa el cuarto lugar de las mejores voces del hard rock. Pero los rankings no terminan de explicar lo que hacía especial a esa voz. Era su capacidad de transmitir algo verdadero, incluso en los momentos más aparatosos del rock de los 90. Una oscuridad que no era pose, sino algo que venía de adentro, de esos años encerrado en una habitación de Seattle aprendiendo solo a tocar guitarra.