La Copa Mundial Sub 20 celebrada en Chile no solamente consagró a Marruecos como campeón, sino que también dejó una valiosa lección para el fútbol nacional: con precios accesibles, buena organización y respeto entre los hinchas, el fútbol puede volver a vivirse como una verdadera fiesta.

Por Darío Fernández

Este fin de semana finalizó el Mundial Sub 20 disputado en nuestro país, donde Marruecos se convirtió por primera vez en su historia en campeón del mundo. Pero más allá de los resultados futbolísticos, uno de los aspectos destacados del torneo fue el gran ambiente que se vivió en las gradas.

Fueron cuatro las sedes que tuvieron el privilegio de albergar el torneo (Santiago, Valparaíso, Rancagua y Talca). En cada una de ellas, la fiesta mundialista se vivió con gran entusiasmo. Los precios accesibles, desde los 4.600 para adultos y 3.450 para niños y adultos mayores, permitieron que diversas personas pudieran disfrutar del espectáculo. Esta medida fue clave para que familias completas, grupos de amigos, clubes deportivos e incluso colegios, generaran un ambiente alegre y familiar en el estadio.

Aunque los partidos de la selección chilena fueron, como era de esperarse, los que convocaron a más público, el ambiente se extendió también a los encuentros de otras selecciones. Destacaron especialmente los duelos de Marruecos, Japón y Nueva Caledonia, donde los hinchas chilenos alentaron con entusiasmo a países que no eran el suyo. Esto reflejó una actitud que pocas veces se había visto en el fútbol chileno: los asistentes no fueron al estadio movidos por la rivalidad o el fanatismo, sino por el simple placer de disfrutar el juego.

 

Fuente: BioBioChile

 

El entrenador del conjunto marroquí, Mohamed Ouahbi se refirió a los medios acerca del apoyo del público chileno: “Estuvieron con nosotros desde el primer día, en los estadios y también en el hotel. Como nos han acogido, como nos cuidan, el amor que nos han dado. Lo único que puedo desear, porque los marroquíes están muy contentos, es que clasifiquen al mundial del 2030. Habrá partidos allá y, si juegan allí, tendrán un estadio lleno de marroquíes apoyándolos”

Este clima de convivencia en el estadio cobra aún más relevancia si se considera el contexto actual del fútbol chileno, marcado por hechos de violencia en las barras de equipos locales. Basta recordar el trágico 10 de abril en el Estadio Monumental, cuando dos hinchas de Colo-Colo perdieron la vida afuera del recinto, o los incidentes ocurridos en el partido entre Universidad de Chile e Independiente en Buenos Aires, que debió ser suspendido por disturbios en las tribunas. A esto se le suma lo ocurrido el pasado fin de semana en el duelo entre Everton y Universidad Católica, donde un grupo de hinchas del cuadro ruletero invadió la cancha, lo que obligó a suspender el encuentro. Estos episodios reflejan un problema que trasciende lo deportivo y que ha afectado directamente la seguridad y la asistencia de las familias a los estadios.

Sin embargo, el Mundial Sub 20 mostró una cara totalmente distinta. Durante el torneo, se vivió un ambiente de respeto y seguridad. En las gradas se pudo ver a hinchas con camisetas de equipos y países diferentes compartiendo el mismo espacio, y la organización logró mantener el orden sin tener que recurrir a medidas excesivas.

Fuente: 24horas

En síntesis, el Mundial Sub 20 dejó una gran enseñanza: el fútbol en nuestro país se puede vivir en paz. Este torneo demostró que, cuando existen condiciones adecuadas y una actitud respetuosa de los hinchas, los estadios pueden volver a ser lugares de encuentro y alegría. Si se logra mantener ese espíritu, el evento podría marcar un punto de partida para erradicar la violencia en los estadios. El Mundial Sub 20 no solo coronó a un nuevo campeón del mundo: también coronó a Chile como un país capaz de vivir el fútbol con respeto y unión.