Este viernes 20 de junio se celebra en Chile el Día Nacional de los Pueblos Indígenas, una fecha que coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio sur. Esta conmemoración busca visibilizar las culturas originarias y fomentar el diálogo intercultural, en medio de anuncios presidenciales que apuntan a su reconocimiento constitucional.
Por Millaray Zavalla.
La creación del feriado se oficializó en el año 2021 con la promulgación de la Ley 21.357, que lo vinculó al solsticio de invierno como fecha simbólica acordada entre el Estado y representantes de los pueblos originarios. Esta fecha astronómica, que varía entre el 20 y el 24 de junio, marca el inicio de un nuevo ciclo solar en muchas cosmovisiones indígenas.
Antes de la ley, en 1998 se había establecido el 24 de junio como día simbólico mediante el Decreto Supremo N.º 158, durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, con el objetivo de reconocer el comienzo de un nuevo ciclo natural. La normativa de 2021 actualizó esa decisión para hacerla coincidir con el día exacto del solsticio.
En 2025, el solsticio caerá el sábado 21 de junio. Según la legislación vigente, cuando esta fecha coincide con el fin de semana, el feriado se traslada al viernes anterior, lo que lo ubica este año en el 20 de junio.
En las culturas indígenas, el solsticio de invierno representa la noche más larga del año y el inicio del regreso del sol. Es entendido como un momento de renacimiento, purificación y renovación espiritual.
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Diversos pueblos originarios conmemoran esta fecha a través de rituales ancestrales que reflejan su visión del mundo y el vínculo con la naturaleza:
- Mapuche: celebran el We Tripantu (o Wüñoy Tripantü), que significa “retorno del sol” y marca el comienzo de un nuevo año.
- Aymara: realizan el Machaq Mara, que también representa el inicio del nuevo ciclo anual.
- Quechua: conmemoran el Inti Raymi, una antigua ceremonia en honor al sol.
- Rapa Nui: celebran el Aringa Ora o Koro, una festividad con raíces culturales profundas en la isla.
Diaguitas, atacameños y otros pueblos: también llevan a cabo ceremonias de agradecimiento, limpieza espiritual, danzas, cantos y ofrendas a la Tierra.
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La Ley 21.357 declara este día como feriado legal —aunque no irrenunciable— con el fin de relevar la importancia de las culturas indígenas, fortalecer su visibilidad en el espacio público y reconocer su aporte histórico y contemporáneo al país. Si bien el comercio puede funcionar con normalidad, muchas instituciones públicas, establecimientos educacionales y organizaciones optan por suspender actividades y realizar actos conmemorativos.
En la antesala del feriado, el presidente Gabriel Boric anunció el envío de un proyecto de reforma constitucional al Congreso, con el objetivo de establecer el reconocimiento de los pueblos originarios en la Carta Fundamental. En un video publicado en su cuenta de X (antes Twitter), el mandatario declaró:
“Esta es una primera medida de reconocimiento y de reparación que llevaremos a cabo a la luz de las propuestas entregadas por la Comisión para la Paz y el Entendimiento”.
También afirmó que la propuesta:
“Implica un reconocimiento de los derechos individuales y colectivos que son indispensables para su bienestar, desarrollo… conforme a la Constitución, las leyes y los tratados internacionales”.
Y añadió:
“Este proyecto consagra además el principio de interculturalidad, que reconoce y valora la riqueza y diversidad cultural de nuestro país… Es tiempo de cumplir con esta demanda histórica y transversal”.
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El Día Nacional de los Pueblos Indígenas se celebra cada año en torno al solsticio invernal. Es importante no confundirlo con el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, promovido por la ONU, que se conmemora el 9 de agosto con un enfoque global en derechos humanos y visibilidad cultural, pero que no tiene carácter de feriado en Chile.
Más allá del calendario, este día representa una invitación a detenerse, escuchar y reconocer las voces que han habitado este territorio por milenios. Celebrar el retorno del sol junto a las comunidades indígenas es también una forma de iluminar un futuro más plural, donde la diversidad cultural no sea una excepción, sino la base de una convivencia democrática real.
